Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si me falta el amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe. (1Cor 13,1)
Quizás muchas veces hemos escuchado esta carta tan famosa de Pablo a los corintios que habla del amor. Pero, ¿verdaderamente podemos decir que amamos y que no somos como un metal o un robot? Podemos ser el ‘buena gente’, el que le cae bien a todos, respetuosos, responsables, amigueros, y todo lo que queramos… pero nada de esto nos diferenciaría de un robot que está programado para actuar bajo ciertas características si es que no fuera el amor...
El amor nos plenifica y da sentido a nuestra vida. Y sobretodo los que seguimos al Señor y hemos tenido una experiencia de amor con Él podemos dar fe que nuestra vida cambió cuando nos dejamos amar por Él. Sin embargo nuestra experiencia con Dios no puede quedar solo entre Dios y yo, porque Dios que es amor nos pide que amemos … y COMO ÉL NOS HA AMADO! O.O…más aún si queremos llamarnos sus discípulos.
Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado. En esto reconocerán todos que son mis discípulos, en que se amen unos a otros (Juan 13, 34-35)
Y bueno… es que amar no es fácil… veamos
El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo. (1Cor13, 4-7)
Algo que es importante y necesario recordar es que EL AMOR ES SALIDA, porque el que ama no está encerrado en sí sino que sale de sí mismo para entregarse al otro. Y por esta razón, lo que se opone al amor, no es el odio sino el EGOISMO que solo piensa en el yo yo yo yo yo....y yo! (O SEA NO HAY SALIDA DE UNO MISMO).
Y a veces solemos ser tan egoístas con el amor de Dios o con las gracias que Dios da -tanto en nuestras casas, trabajos, universidades como con lo que caminamos en el Señor- que en vez de alegrarnos y dar gracias a Dios por los dones, talentos o las bendiciones que ha recibido el hermano, nos apena o pensamos... "pero...¿por qué no para mí?, ¿por qué no fui yo?...¿por qué a él sí y a mí no? "
Esto solo demuestra el poco amor que le tengo a esa persona, y el gran amor propio que me tengo yo, el cual me hace ponerme encima de ella y desear todo para mí (egoísmo dices XD). Quizás también sea porque el amor de Dios no nos ha colmado plenamente o por otro lado, no le hemos entendido ni un poquito así como el hijo mayor en la parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11-32). El hijo mayor después de haber visto la acogida del padre al hijo pródigo, se enoja y le reclama a su papá en pocas palabras “¿por qué a él sí y a mí no?” (¿celos?¿suena familiar?) a lo que el Padre le responde: “Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo”. Si tan solo no dudáramos del amor del Padre y dejando nuestro amor propio a un lado, reconociéramos con alegría lo que Dios puede hacer en los demás...
Y bueno fuera que este amor propio significase un verdadero amor a uno mismo; sin embargo nadie ama lo que no conoce, y muchas veces o no nos conocemos o nos conocemos mal (al sobrestimarnos o subestimarnos), entonces no nos amamos verdaderamente, solo 'amamos' esa falsa imagen que tenemos de nosotros mismos. Y por lo mismo que el amor hacia uno mismo aún no es purificado y ordenado, muchas veces nos dejamos ganar por la soberbia y la búsqueda de reconocimiento (aunque no se exteriorice, a veces se encuentra en lo profundo de nuestros deseos).
En esta semana escuché que muchas veces las mujeres (y quizás también los hombres) quieren tener algún llamado especial por reconocimiento, para sentirse queridas. Y sí, a decir verdad muchos de nosotros (me incluyo) queremos en lo más profundo de nuestro ser, tener eso algo especial o algún cargo por lo que reconozcan nuestros talentos o virtudes y que nos distingan del resto, lo que ‘nos hace’ mejores... queremos ser vistos, queremos que nos tengan en cuenta. Y eso no excluye a los movimientos católicos o en los servicios pastorales. (¿Cuántos podemos pecar de fariseos a veces?).
Todo lo hacen para ser vistos por los hombres. Miren esas largas citas de la Ley que llevan en la frente, y los largos flecos de su manto. Les gusta ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos reservados en las sinagogas. Les agrada que los saluden en las plazas y que la gente los llame Maestro. (Mateo 23, 5-7)
¿Cuánto necesitamos que Dios nos dé ojos humildes que vean la realidad tal cual es, pudiendo reconocer nuestros dones dados por Dios, pero también nuestras limitaciones?...
Entrenarnos en la humildad nos ayudará a amarnos en la medida justa y poder tener ojos limpios para conocer y luego amar a los demás...Así que, por si no las conocían, les dejo las letanías de la humildad para que las recen, algo que ayuda (y también golpea mucho)..
https://www.ewtn.com/spanish/prayers/LITANY_HUMILITY.htm
Para acabar, recordemos que el amor de Dios es infinito, perfecto y personal; y si bien nos ama a todos en la misma cantidad (o sea infinito), con cada uno es de manera distinta. Y como Él nos conoce mejor que nosotros, la pedagogía que tiene con cada uno es hecha a nuestra medida y llena de sabiduría; lo que le hace bien a uno, quizás no al otro, o no en ese momento. Debemos de tener la certeza que el amor que Dios nos tiene separado, nadie nos lo podrá quitar y que es expansivo, el que otros lo disfruten no hará que su amor por nosotros disminuya o sea menor.
Que busquemos amar de verdad y serle fiel en lo sencillo y en el silencio sin necesidad de que los demás lo noten o lo reconozcan.
Nos decimos discípulos suyos...entonces amemos!, pero como no es fácil... dejémonos moldear por el maestro en el amor y pidamos a la Virgen María que siga acompañándonos e intercediendo por nosotros.
*Amemos...de verdad!
No hay comentarios :
Publicar un comentario