Ahí va...
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Sor María Leticia de Cristo Crucificado
Entrevista realizada en el Convento de San Blas, lerma
26-09-2010
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Yo lo que sentí fue todo su amor. es decir, yo me sentí amada totalmente, absolutamente amada por Cristo, que es el amor absoluto. Sentí que un amor absoluto me llenaba. es decir, allí donde ningún novio había llegado, donde los amigos no habían llegado, donde mis padres y mis hermanos no habían llegado, Cristo sí que llega. Encima eso no se me pasó al rato. Por dentro de mí, notaba una presencia de Cristo tan tan fuerte, que me di cuenta que toda mi vida, todo lo que había vivido, hecho y pasado, estaba ahí crucificado. Por tanto, yo lo único que tenía que hacer era acoger su salvación. Interpreté que tenía que vivir de este amor que yo sentía, y que para vivir de este amor, en el que todo lo demás sobra, debía dejarme hacer. Aquella experiencia me tumbó.
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Cuando me sentí totalmente amada por Cristo, todo cambió.
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Poco a poco vas descubriendo cosas de ti que incluso, aunque tú no las quieres, Él las ama.
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Aunque a ti no te gusten. Cristo te ama completamente, incluso con lo que es feo. Te voy a explicar algo muy importante que fue lo que cambió mi experiencia del amor de Dios: hasta ese momento, mi afán era destruir todo lo que no me gustaba de mí, y el amor de Dios me enseñó que eso era lo que tenía que amar. Que por eso que no me gustaba de mí, era por lo que Él moría.
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Si Él se hizo hombre, fue por mi debilidad, no porque yo fuera buena. Si Él estaba en la Cruz era por mi debilidad, no porque yo fuera buena. Él estaba en la Cruz por aquello que soy incapaz de cambiar en mí. Cristo se dejó matar para cambiar Él lo que yo no podía cambiar en mí. Cristo se dejó asesinar precisamente por eso que yo no puedo cambiar en mí, y desde la Cruz me ofrece una vida nueva, para ser vivida y amada tal y como soy, con mi debilidad (...)
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Entonces cuando comencé a amar mi pobreza, supe empezar a amar la pobreza de las demás,y ahí todo cambia. (...) Empecé a ver que en los errores de los demás también había pobreza, y era la misma pobreza que había conocido en mí. Cristo me hizo ver que la forma de pensar que yo tenía que aplicar era el amor. Que no era mi lógica, sino su lógica. Entendí que no tengo que razonar la ira ni mitigar la ira. Lo que tengo que hacer es amar, y con eso se va todo. No tengo que cuestionar a una hermana, sino acogerla. Tengo que ver lo positivo que tiene y desmontar los problemas, porque los problemas en sí son muy pequeñitos comparados con el regalo de una hermana. La solución estaba al principio. En cortar ese pensamiento negativo. Si yo experimentaba que Cristo me amaba, yo no podía pensar que una hermana fuese una molestia. solo amando eres feliz.
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Aquí acaba el fragmento de la entrevista :)
Cuán grande es el amor de Dios :)
*Gracias Señor!
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